La filosofía está, de alguna manera, omnipresente en todo lo que hacemos los seres humanos. Así como el historiador tiene una filosofía de la historia, que subyace a su labor historiográfica, y como el científico tiene una filosofía de la ciencia, así el pedagogo tiene una filosofía de la educación. Y más vale que la haga explícita, que sea consciente de ella, para que no la repita y la reproduzca de manera inconsciente en su labor educativa. Si no tiene una idea de hombre que plasme en sus discípulos, estará plasmando la idea de ser humano usual en su sociedad y su tiempo, de una manera inconsciente y, por lo tanto, peligrosa.
La filosofía es el saber de las causas últimas, la reflexión de la esencia profunda de las cosas (es en lo que se distingue de las ciencias, que van a las causas próximas). Por eso podemos decir que todo hombre hace filosofía, en los momentos de meditación honda, cuando rebasa las necesidades inmediatas de la vida, y se allega a la satisfacción de esa necesidad más oculta, que es el sentido de los seres. Así, pues, todo hombre es, en el fondo, filósofo. También lo es el pedagogo. En especial, tiene una filosofía de la educación, centrada en la idea de ser humano que promueve. Hay una antropología filosófica o filosofía del hombre que subyace a todo proyecto educativo. Y más vale que se la haga consciente, si no, se la estará reproduciendo en la enseñanza, de manera inconsciente, casi ideológica.
La educación, hoy por hoy, ya no educa, sino que sólo es capacitadora de "técnicos calificados" y de profesionales que realizan un trabajo de "maquila" Estos ya no son productores de investigación, ni de ciencia y menos aún, de tecnología, su labor es muy simple, la de ser aplicadores mecánicos de las nuevas tecnologías; donde la creatividad y la racionalidad son mediatizadas. Esto es grave, porque la actualidad que hoy se vive muestra que a las nuevas generaciones de América Latina y el Caribe se les ha robado el futuro. Han sido condenadas a la incertidumbre, al caos, al desempleo y la miseria.
¿Dónde quedó la educación del ser humano como sujeto social comprometido y responsable consigo mismo, con la sociedad y la nación? Si se quiere rescatar a los seres humanos como el centro de todo proyecto: antropológico, político, social, económico y cultural deberá defenderse el derecho a repensar y replantear los objetivos y los fines que la educación en todos sus niveles debe cumplir, desde un proyecto integral e integrador de la totalidad de los seres humanos.
El análisis debe ir más a fondo para que en todo caso podamos comprender que la mayor parte de las deficiencias del proceso educativo se originan en las características de la labor educativa, en su hacer y su quehacer pedagógico sin compromiso ético-social. Allí, donde el ser educativo se ha convertido ya no en parte y fin de la educación, sino, más bien, ha sido reducido a ser solo parte del proceso, pero no en el fin de la educación, la cual consiste en la formación de profesionistas y profesionales con responsabilidad social y colectiva Por lo mismo, se puede decir que existen carencias de objetivos.